Elegís
un buen momento, un momento esperado, te prearás un té en invierno o unos
tererés en verano; buscás un lindo rincón, cómodo, luminoso, silencioso,
compinche. Te lo adueñas, lo cuidás. Tu recoveco, ahora, es tu lugar en el
mundo; es un pedacito de vos que se convirtió en algo material. Pero antes de
acomodarte en un esponjoso sillón o de sentarte en la silla que más te gusta,
te paseaste por la biblioteca. Tocaste cada libro, lo sacaste, lo volviste a
meter en su lugarcito esperando que en otro momento te vuelva a llamar. Abriste
algunos, cerraste otros, y oliste otros tantos. Las caricias van y vienen, los
recuerdos de lecturas te invaden, como también lo hace la intriga de conocer
nuevos mundos. Seguís acariciándolos, tocándolos hasta que das con el indicado.
Le mirás la tapa y luego la contratapa, lees el título e imaginás, lees la
reseña y te emocionás. Algunos tramposos leen las últimas líneas del final,
pero se prometen así mismos olvidar lo que leyeron. Sí, tenés un mundo en tus manos
que te espera. Contento dejas atrás la biblioteca y te sentás en tu lugarcito. Lentamente
y con delicadeza abrís la tapa y comenzás a leer, comenzás a sentir. Tu realidad
desaparece y a cambio, ¿quién te da algo sin pedir nada a cambio en estos días?,
te regala una historia.
Pero,
¿quién te enseño a oler los libros, a disfrutarlos, a quererlos, a sentirlos? Seguro
viste a tu mamá o a tu abuela leyendo, escondidas de los hijos, escapándose de
la realidad. ¿O te inspiró tu profesora de Lengua y Literatura? esa que tanto
añorás y recordás. Hoy en día es difícil tener todas esas sensaciones, algunas
profesoras no te inspiran la lectura y la tecnológica te arrebató la biblioteca
material, y encima, ni siquiera disfrutás la virtual. La sociedad, acostumbrada
a hablar por hablar te denigró la profesora y ahora no la querés ni escuchar. Está
la anticuada que no sabe usar la computadora y la exagerada que no sabe tocar
un libro y que, cuando se corta la luz o no anda el proyector, se le derrumbó la
clase.
En la actualidad todo, absolutamente todo,
está a un clic de distancia. Parece loco, ¿no? Que al prender la computadora,
escribís un par de palabras y al apretar enter se descargue frente a tus ojos un
sinfín de informaciones, de conocimientos, de trabajos, de pensamientos, de
cultura, de imágenes. ¡Pero no todo lo que brilla es oro, querido!, y no todo
lo que internet te “tira” es verdadero, fidedigno, correcto, es preciso y confiable.
La
enseñanza actual intenta ponerse al día con la tecnología, pero ésta corre,
vuela, cambia y se va. ¿Y qué hacemos las profesoras o futuras profesoras para
enseñar, utilizar la tecnología y atrapar al alumno? La fórmula mágica no está
en ningún lado lamentablemente. Los chicos están acostumbrados a tener todo ya
y el aprendizaje no siempre es tan rápido. Pero muchas cosas se pueden hacer: reivindicá
la lectura, ofrecerles ese espacio, ese pedacito de ellos para que puedan
escaparse de su realidad mientras aprenden, apasionalos, invitalos a leer. Porque,
creo, la lectura es el motor de toda la enseñanza de Lengua y Literatura y de
poderla complementar con la tecnología. Leer un libro te enseña a escribir, a
leer, a entender, a comprender. A leer entre líneas y a entender la
intertextualidad. Te ayuda a escribir sin errores de ortografía y de sintaxis. Y
las nuevas palabras que conocés, ni te cuento. El libro, ese universo paralelo,
es el big bang de la enseñanza. Explota de información, de cultura, de
conocimientos desde todos los puntos. Y está a un click de que o leas. Existe una
variedad infinita, podés encontrar algunos que te gusten más y otros que no te
gusten, pero siempre están para nuevas oportunidades, y sobre todo, y para
ayudarte en el proceso de la enseñanza-aprendizaje.
Leé
y hacele leer a tus alumnos, usa el libro para colorear las aulas, para
acompañar a la tecnología. Ellos quieren cosas nuevas y rápidas todo el tiempo
y tenés un montón de literatura para respaldar cada momento. Guíalos en ese
mundo de internet tan solitario y tan lleno de todo. Sentate, abrí el libro que
escogiste para ese momento y comenzá a leer, comenzá a enseñar desde otro punto
de fuga.
